La histórica clasificación de Argentina a la final del Mundial 2026, luego de vencer a Inglaterra en un emocionante partido jugado en Atlanta, dejó una perlita que rápidamente se volvió viral en las redes sociales. En medio de la euforia por el triunfo, todas las miradas se desviaron hacia un curioso objeto olvidado en el campo de juego: la botella de agua de Jordan Pickford, con los “machetes” de los penales que podrían patear los jugadores argentinos.

El recipiente no era un elemento de hidratación común y corriente. El arquero británico lo había transformado en una herramienta táctica al pegarle un listado detallado con los perfiles y las direcciones habituales de remate de los futbolistas de la Scaloneta, ante una eventual definición desde los doce pasos.

SOUVENIR. La botella que dejó Pickford en el arco inglés con el FOTO TOMADA DE INSTAGRAM

El encargado de rescatar el envase del césped fue el histórico masajista de la delegación nacional, Marcelo “Daddy” D’Andrea. Al notar el papel adherido, se acercó a compartir el hallazgo con Nicolás González y Lionel Messi. La incredulidad de los futbolistas se transformó rápidamente en humor cuando Enzo Fernández se sumó al grupo y comenzó a descifrar las anotaciones que Pickford tenía preparadas para adivinar los tiros. Las risas no se hicieron esperar.

La burla se plasmó incluso en un posterior posteo del preparador físico Luis Martín, quien subió la fotografía del envase a su cuenta de Instagram con un picante remate: “Lástima, no teníamos los mismos planes che”.

Pickford, un estudioso de los penales

El llamativo recurso no es nuevo para quienes siguen de cerca la carrera del arquero del Everton, famoso por recurrir a esta clase de ayudas de memoria en instancias decisivas. En la previa del partido, el inglés se había mostrado confiado, declarando en rueda de prensa que su seleccionado estaba “preparado para todo, 90 minutos, 120, penales”.

Aunque sus apuntes quedaron obsoletos por el desarrollo del partido, Pickford completó una actuación brillante bajo los tres palos, conteniendo remates peligrosos de Julián Álvarez y de González. No obstante, el poderío individual y la jerarquía de Argentina lograron inclinar la balanza, convirtiendo la planificada botella del arquero rival en un divertido souvenir de la victoria.